María afrontó la reforma de esta vivienda en el barrio de El Pilar, en Valencia, con un objetivo muy claro: transformar un espacio fragmentado y poco funcional en un hogar cómodo, luminoso y pensado para una nueva etapa de independencia. El proyecto se desarrolló durante cuatro meses bajo una estética minimalista, centrada en potenciar la amplitud visual y aprovechar cada metro disponible de manera inteligente.
La vivienda original presentaba una distribución poco práctica para el día a día. La cocina se encontraba integrada en la habitación y el dormitorio ocupaba la zona del salón, generando espacios desconectados y con escasa sensación de orden. A pesar de sus dimensiones reducidas, el piso conservaba elementos con mucho carácter, como la pared original de ladrillo cara vista, que se convirtió en uno de los puntos de partida del nuevo diseño.
La intervención reorganizó completamente la zona principal de la vivienda. Se eliminó la separación entre el antiguo salón y la habitación para crear una estancia diáfana donde cocina y zona de estar conviven de manera natural, favoreciendo la circulación y multiplicando la percepción de amplitud. El nuevo dormitorio se ubicó en el espacio que ocupaba anteriormente la cocina, mientras que el baño mantuvo su posición original, optimizando las instalaciones existentes.
La cocina se concibió como una pieza integrada dentro de la arquitectura del espacio. El panelado continuo permite ocultar las puertas del baño y del dormitorio en un mismo plano, aportando limpieza visual y continuidad. Esta solución, además de reforzar la estética minimalista del proyecto, contribuye a que la estancia principal se perciba mucho más amplia y ordenada. La isla central, equipada con placa de cocción y sistema de extracción integrado, actúa como núcleo funcional de la vivienda y favorece una relación más abierta y flexible entre cocinar, recibir visitas o simplemente disfrutar del espacio cotidiano.
Uno de los elementos más singulares de la reforma ha sido la recuperación de la pared de ladrillo cara vista original. Se realizó una limpieza cuidadosa y un tratamiento con barniz mate para preservar su textura y autenticidad, integrándola dentro de un lenguaje contemporáneo sin perder su esencia. La iluminación indirecta mediante una línea LED en el falso techo del salón enfatiza este muro y genera una atmósfera cálida y acogedora durante la noche, aportando profundidad y carácter al conjunto.
Las ventanas también jugaron un papel importante en la transformación de la vivienda. Se eliminaron los antiguos bloques de vidrio y se alinearon las alturas de las carpinterías para ordenar visualmente la fachada interior. Además, se diseñó un marco alrededor de las ventanas que resuelve de manera elegante la transición con el ladrillo original restaurado. El cambio a carpinterías blancas mejoró notablemente el aislamiento y permitió potenciar aún más la entrada de luz natural.
La elección de acabados claros y soluciones integradas contribuye a reforzar la sensación de continuidad y serenidad en toda la vivienda. El nuevo sistema de climatización mediante split mejora el confort diario, mientras que la distribución abierta permite que la luz y el espacio fluyan de manera mucho más natural.
El resultado es una vivienda pequeña en dimensiones pero amplia en sensaciones, donde cada decisión de diseño ha estado orientada a mejorar la experiencia cotidiana. Hoy, este apartamento ofrece un entorno luminoso, funcional y equilibrado, capaz de adaptarse a una forma de vida más cómoda, flexible y conectada con la esencia del espacio original.
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